martes, 10 de noviembre de 2015

Noviembre 10

Hoy tuve, finalmente, un cierre con CT. Me gustaría poder decir que sentí una profunda pérdida, no sólo por el pasado que compartimos sino también por el futuro que no tuvimos. Me gustaría haber sentido añoranza, melancolía, saudade por esos sueños que nos vimos forzados a desmantelar. Hoy firmé el final de una historia, para mí, de diez años, de siete para nosotros, siete años de camino compartido, cargado dentro. Quizás me puedo permitir sentir una tranquilidad de estas dimensiones porque mi duelo comenzó el día en que C partió de mi vida, y el suyo comienza hoy. Yo a C lo dejé ir con esa última carta, y aprendí a andar desde entonces sin su presencia encima, sin el augurio de un mañana que se anunciaba a la distancia, quién sabe dónde, quién sabe cuándo, el fantasma de un futuro incierto que, sin embargo, nos rehusábamos a aceptar como otra cosa que verdadero. El alivio que siente C esta noche lo he respirado yo por los últimos dieciocho meses. Pero no es lo mismo, cerrar detrás de mí la puerta, a solas, y cerrarla delante nuestro, juntos. Hoy finalmente lo hicimos, C. Dejamos ir. Perdonamos ese sueño nuestro. Habla de nuestro crecimiento. De merecer, hoy, después de tantas caídas y tantos errores, el amor que nos tuvimos. Le di las gracias por quererme. Por quererme así, como soy, querer al pilar que crece en mi centro, esa materia imperdonable de la que estoy hecha, por querer a Luna Fénix, entera, porque me he dado cuenta del grandísimo acto de valentía y de fortaleza que fue. No es fácil, quererme, y no se lo hice fácil a C. Le agradecí el monumental acto de haberlo hecho. Y C respondió, en un parpadeo, "no me costó trabajo."  Qué cosa tan enorme, CT. No le costó trabajo querer a esta bestia de la naturaleza que soy. Me eché a llorar de regocijo, es claro, absolutamente incapaz de contener mi agradecimiento, llena de reminiscencias de mi rompimiento con P y los meses que le precedieron. No le costó trabajo, al C que destruí tantas veces, al que dejé, al que dejé también de querer, al que di por sentado. A ningún otro hombre le hecho más difícil, más dolorosa, más desgastante y frustrante la tarea de quererme. Soy extremadamente afortunada, de haber encontrado en la vida brazos como los de CT que me acogieran, a cada fibra de mí, con la intensidad incontrolable, con el fuego incandescente, con la pasión insaciable que me llenan por dentro. Finalmente, cierre. CT, sé feliz. Por ti, sin mí, regálale a este mundo la felicidad que te mereces. Y despedirme, con la ligereza de una palabra sola.


Gracias. Gracias. Gracias. 

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