No me quiero enojar con mi cuerpo. Quiero
sentir sólo agradecimiento y una profunda sensación de asombro. Requiere de
cuidado y de tacto. No me quiero enojar con el cuerpo de N. Quiero sentir sólo
agradecimiento y una honesta sensación de reverencia. Requiere de un nivel de
vulnerabilidad aterrador. Yo, que de hijos en vientre no he querido escuchar ni
decir palabras que no fueran de rechazo, que nunca me he permitido sentir otra
cosa que aversión, que miedo, que negación absoluta. Viendo hacia atrás y haciendo un recuento de los hombres que han dejado su
nombre sobre mi piel, recuerdo las advertencias tempranas, posiblemente
prematuras, que precedieron a toda interacción con ellos. De encontrar un accidente de este género, he dicho y repetido siempre, no tendría duda en eliminar el contratiempo. Yéste es el regalo.
Es posible que mi cuerpo no vuelva a gestar, en los años que me quedan de
transitar por esta tierra. Y entonces, planteándome la
imposibilidad de una repetición, me queda sólo agradecer. Agradecerle a N por
el regalo que fue no sólo concebir, sino el conocimiento, la certeza de saber
que puedo hacerlo.
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